CULTURA

LOS TRACIOS
LOS ESLAVOS
LOS PROTOBÚLGAROS

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LOS TRACIOS

Con razón llaman a Bulgaria “cuna de la civilización europea”, no solo por ser el Estado europeo más antiguo. Las tierras búlgaras fueron pobladas desde las épocas más remotas, pero desde la época tracia es cuando empezó su importancia a nivel cultural.
La civilización tracia data de la época de los faraones egipcios y la Grecia antigua. Este extraño pueblo que creía en la inmortalidad del alma y en una verdadera vida de ultratumba, estaba dividido en diferentes tribus y se dedicaba a la ganadería y a la agricultura.
Si literariamente la historia de los tracios comienza con la Iliada, texto en el que se cita por primera vez el nombre de Tracia, históricamente no formaron una comunidad política definida hasta que Teres I fundó el primer reino en el año 480 a. de C. El encuentro cultural entre tracios y helenos ya se había producido gracias a las numerosas colonias griegas establecidas a lo largo de las costas del Egeo y del Mar Negro. Los tracios dominaban las artes y las técnicas foráneas, lo que dio lugar a una cultura original cuyo esplendor se produjo en los siglos V y III a. de C.
Tracia ha permanecido anclada en el olvido a lo largo de siglos. Pero en las últimas décadas se han descubierto magníficas tumbas reales decoradas con maravillosas pinturas y repletas de tesoros sorprendentes que han dejado atónitos a los especialistas.
Los descubrimientos arqueológicos han definido una cultura bien desarrollada y unas creencias religiosas positivadas en numerosos santuarios. Las capillas de los tracios aparecen generalmente en cuevas. Hoy día hay muchos templos, túmulos y tumbas tracias perfectamente conservadas. Algunas de ellas forman parte de los monumentos de la UNESCO, que testimonian sobre la vida de aquella época y deleitan a los visitantes.
Las ciudades tracias como Seutópolis y Perpericón, tuvieron en su época igual o mayor importancia que Troya y Mikena, pero es ahora cuando fueron redescubiertas para el mundo contemporráneo. Hoy día por toda Bulgaria se pueden ver restos de vestigios tracios, perfectamente equiparables a los ya muy populares griegos y romanos. Bulgaria es la tierra de Orfeo, Dionisio, el héroe mítico Espartaco, que forman parte de la mitología antigua y de las leyendas que escuchamos hasta hoy día.

LA LEYENDA DE ORFEO

Según la leyenda Orfeo nació en alguna parte de Tracia. Según la mitolgía griega era hijo del dios de los ríos Eagro y la musa de la poesía Calíope , según otros mitos es hijo de Apolo y Calíope o Apolo y Clío. Orfeo tenía una gran sensibilidad, era poeta, teólogo, músico. Recibió de Apolo, una lira que había sido fabricada por Hermes, a la cual perfeccionó aumentando sus cuerdas de siete a nueve en honor a las nueve musas. Orfeo entonaba las más dulces melodías. La naturaleza al completo y, por supuesto, todos los hombres y dioses quedaban embelesados cuando le oían cantar acompañándose de su instrumento. Incluso las rocas se le acercaban para escucharle y los ríos retrocedían su curso con el mismo fin. Cuando él cantaba las fieras se echaban a sus pies, las aves estimulaban su trino, las tempestades se calmaban y lograba que todos aquellos que hubieran perdido su armonía la reconquistaran. Además, su gran capacidad musical le resultó enormemente útil en diversas ocasiones: acompañó a los Argonautas en sus viajes en busca del Vellocino de Oro y con ellos consiguió, haciendo uso de su voz, hazañas tales como mover su barco desde la playa hasta el profundo mar, separar dos islas errantes que impedían el paso de los navíos, liberar a los expedicionarios de los encantos mortales de las Sirenas ... Uno de los mitos más difundidos es sobre el amor entre Orfeo y Eurídice: Orfeo se enamora de la ninfa Eurídice, pero ella muere el días de su boda mordida por una serpiente. Orfeo lleno de tristeza baja al reino de los muertos. Allí le ruega a Hades, dios del bajo mundo y a su esposa Perséfona, que permitan que Eurídice vuelva al mundo de los vivos. Es tal la dulzura, la tristeza y la sensibilidad con que Orfeo entona los más dulces cánticos que logra conmover a Hades, que llora lágrimas de acero, y su esposa le convence para que deje en libertad a Eurídice para que vuelva a la tierra. La condición es que en ningún momento Orfeo se vuelva para mirar a Eurídice hasta que no salgan a la luz solar. Pero justo cuando ya estaban saliendo a la luz, Orfeo empieza a dudar y no aguanta la tentación de saber si Eurídice viene detrás y se da la vuelta. Cuando la mira, ella comienza a desvanecerse y regresa al mundo de los muertos. Ya de nada valieron las lágrimas ni los cantos de Orfeo ante Hades y Perséfona. Pierdió a Eurídice para siempre. Etonces Orfeo promete no volver a amar nunca más a ninguna mujer. La leyenda cuenta que para castigarlo, por ser insensible ante los encantos femeninos, durante los misterios en honor a Dionisio las ménades lo matan despedazándolo, y arrojando su cabeza y su lira al río.
Este hecho nos lleva al nivel temprano de mistificación de Orfeo. Lo que se sabe con seguridad es que tiene procedencia tracia y que tuvo gran importancia en la todavía poco conocida religión de los tracios. No es casual que en el arte antiguo Orfeo siempre fue representado con vestimenta tracia y que toda su vida transcurrió en las tierras tracias. Parece ser que en su mitología el fue más bien un sacerdote y mago, dotado con poderes sobrenaturales.

LA DOCTRINA ÓRFICA

La leyenda de Orfeo dio lugar a una corriente filosófico-religiosa en Tracia a finales del segundo milenio y e los iglos IX- IIIV a.d.C., conocida como teología Órfica. Se suponía que Orfeo en su regreso al mundo de los vivos, había desvelado la manera de llegar a la tierra de los Bienaventurados, evadiendo los obstáculos con los que se encuentran las almas tras la muerte. Este pensamiento tuvo numerosos seguidores. El Orfismo llegó a ser un modo de vivir, caracterizado por ritos de purificación, utilización de pócimas mágicas y múltiples prohibiciones. La teología Órfica ofrece una explicación de los orígenes de la vida, de los orígenes del hombre y de su destino. El pensamiento griego estuvo muy influenciado por esta teoría, pues respondía a unas necesidades espirituales que religiones tradicionales no satisfacían. El Orfismo se difundió por el Mediterráneo, tuviendo como seguidores incluso a Emperadores romanos. Los misterios Órficos se practicaban solo por instruidos, y estos eran únicamente hombres solteros. Los misterios se realizaban en sociedades cerradas y lugares secretos, lejos del resto de la gente (rocas y cuevas, que abundaban en la montaña de los Rodopes). Los rituales se acompañaban por cantos corales y juegos mímicos. La culminación era la representación simbólica de la muerte del rey-sacerdote, que simbolizaba la muerte de Dionisio a manos de los Titanes que lo despedazaron, y también de la simbólica fecundación de la Diosa-madre que dio origen a la vida. La primera representación se realizaba mediante un sacrificio de sangre: toro, caballo, cabrito y a veces también humanos. La fecundación se realizaba mediante la práctica de una copulación masiva entre hombres y mujeres, lo cual hizo que Herodoto acusara a los tracios de libertinaje sexual. Más tarde los misterios Órficos se relacionan con las orgías durante las fiestas en honor del dios del vino y la diversión Dionisio.

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LOS ESLAVOS

Originariamente las tribus eslavas se extendían por la parte central de Europa. Sus costumbres, manera de vida y tipo racial eran similares al germánico. Los eslavos eran altos, rubios, de ojos azules y piel blanca. Llevaban una vida sedentaria, se alimentaban mediante la agricultura primitiva, la ganadería, la caza y... los asaltos armados. Su régimen social consistía en agrupaciones en clanes familiares, que se unificaban temporalmente solo cuando había una meta común, como un ataque armado por las zonas fronterizas del Imperio Romano por ejemplo. En aquella época los eslavos no conocían las formas de organización de tipo estatal.
A finales del s. IV empezaros sus migraciones por toda Europa. No se sabe con exactitud la causa de esta fuerte explosión demográfica, que tuvo como consecuencia a unas enormes olas humanas repartidas por las actuales tierras de Alemania, Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Hungría, Rumania, República checa, Croacia, Serbia, Grecia y Bulgaria.
En poco tiempo los eslavos se asentaron por toda Europa: desde el río Elba al oeste hasta el Volga y los montes Urales al este y el Danubio al sur. Los historiadores hasta hoy día no se explican este ímpetu por la expansión. Los eslavos no tenían ejército ni caballería, iban armados de manera muy primitiva, por lo cual sufrían muchas pérdidas humanas a la hora de lograr sus victorias. A finales del siglo IV y principios del V los guerrilleros eslavos empezaron a adentrarse al sur del Danubio. Aquí las cosas parecían difíciles para ellos, al sur se hallaban las regiones del Imperio Bizantino, intensamente pobladas, con miles de fortalezas conectadas mediante calzadas, y muchos destacamentos bien armados. Y a pesar de eso, ocurre lo increíble: en solo 100 años, a pesar del gran número de víctimas en las luchas contra los romanos, los eslavos logran adentrarse en el territorio y asentarse en la península Balcánica, conquistando el territorio que hasta hace poco poblaban los tracios. Desde Trieste hasta Varna y del Danubio hasta Pelones, igual que en toda Hélade. La civilización romana-oriental se viene abajo. Las grandes ciudades quedan desiertas, igual que las iglesias, anfiteatros, termas, calzadas y villas. En lugar de ellos surgen un montón de chozas con tejados de paja y otras construcciones primitivas obra de los invasores eslavos. A finales del sigo V, como islas en medio del mar eslavo, solamente Constantinopla y Salónica quedan en manos bizantinas. Pero ni en los Balcanes ni en el resto de Europa los eslavos logran establecer un Estado propio. El fuerte afán de independencia de las tribus ahoga todo intento de formar una idea de unificación bajo un único gobierno. En todo el mundo eslavo los estados serán creados varios siglos después por otras tribus, con lengua, costumbres y raza muy diferentes a las eslavas. En los Balcanes esto ocurre gracias a los protobúlgaros.

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LOS PROTOBÚLGAROS

Este pueblo hasta hoy día representa un misterio para los historiadores. Se supone que los antepasados de los protobúlgaros partieron hacia Europa en el siglo I a.C. desde las regiones llanas al norte de China. Incluso algunos historiadores actuales opinan que la Gran Muralla China fue construida precisamente para proteger de sus ataques infalibles. Parte de las tribus protobúlgaras se asentaron en las regiones por las que pasaban de camino hacia el oeste, como por ejemplo Siberia Occidental y Altay, aumentando las fronteras de sus territorios hasta la India. En el siglo III-IV ya se asientan en Europa, en las regiones actuales de Cáucaso y Armenia, entrando en contacto con Persia y el Bizancio. Su estado se llamaba “Gran Bulgaria” y perdura por estas tierras hasta los años 630-640. Las costumbres y la cultura de los antiguos búlgaros sorprenden a los historiadores desde siempre. Sus logros en todas las esferas de los conocimientos humanos los diferencian del resto de los pueblos que tomaron parte en la Gran Migración. A diferencia de los bárbaros, nómadas, hunos, ávaros, jázaros o los sedentarios eslavos, godos, vándalos, en cada uno de sus asentamientos los búlgaros construyen enormes ciudades de piedra, con todos los signos de una cultura urbana altamente desarrollada: calles rectas, canalización, baños e incluso calefacción (el llamado “hipocausto”). Su calendario, testimonio de unos conocimientos muy completos sobre astronomía y matemáticas, sigue siendo preciso hasta hoy día. Incluso hace 20 años en la UNESCO unos científicos no búlgaros tenían una propuesta de instaurar a este calendario para toda la humanidad, justo por ser tan preciso. Las muestras arqueológicas testimonian que los protobúlgaros cultivaban cereales de especies mejoradas, fruto de muchos años de selección, y que los médicos practicaban operaciones muy complejas y difíciles incluso para la medicina actual, como la trepanación de cráneo. Son sorprendentes también sus logros en la metalurgia y la elaboración de metales, que hacía posible la fabricación de armas, utensilios de trabajo, armaduras y les daba la posibilidad de mantener un ejército de 30 000 soldados armados de la cabeza a los pies, con corrazas de metal, lo que les hacía invencibles. Poca gente sabe que las temibles tropas de asalto de Atila en realidad eran los protobúlgaros. Pero no era la fuerza bruta lo que les llevaba a la victoria. La política que seguían los dirigentes búlgaros era impresionante. A pesar de toda esta fuerza, ellos no se tentaban a convertirse en los amos del mundo, tal como ocurrió con Atila, Chingis Khan, Justiniano y otros muchos. Los políticos búlgaros procuraban mantener la paz, y utilizaban su fuerza solo para defenderse. Pero algo muy peculiar es que todo aquel que osaba atacarles era perseguido y alcanzado en sus tierras, donde todo era echado abajo, destruido, incendiado y exterminado. Pero esto no era una violencia desenfrenada. Era fruto de la idea de prevenir un segundo ataque por mucho tiempo en el futuro. A mediados del siglo VII. Gran Bulgaria empezó a ser atacada del sur y del este por los jázaros. Las guerras duraron durante décadas. Las tierras de estas tribus ya no eran fértiles debido su mala cultivación y éstos ya no tenía qué perder y se lanzaban con todas sus fuerzas. Además el territorio de los protobúlgaros era llano y no disponía de barreras naturales que pudieran ser utilizadas en la defensa. Otro factor que determinó la decisión de migrar era que la ubicación de las tierras ponía a los protobúlgaros en el camino de todas las tribus y pueblos que migraban, y si no eran los jázaros, otros pueblos les atacaban. Así en un solo día el pueblo entero abandonó las aldeas y ciudades y se trasladó a las tierras junto al río Oka, en el norte de la corriente del Volga. Allí perduran hasta que en el s. XIII fueron derrotados por los tártaros. La decisión de migrar hacia el norte no fue obedecida por tres gobernadores regionales, hijos de Kubrat, último khan de Gran Bulgaria. Los tres se dirigieron hacia Europa. Uno de los hermanos llegó con su pueblo hasta Bavaria, sometiéndose al rey de Bavaria, y no se saben las razones por las que una noche fueron asesinados. Los que sobrevivieron llegaron a Lombardía, Italia, allí se fundieron con la gente local y fueron asimilados. De allí que hoy día existen muchas familias italianas Bulgari o Bulgarini. El segundo hermano llevó a su gente hasta la actual Hungría donde se sometió al khan de los ávaros. Más tarde organiza un levantamiento contra ellos y logra sacar a su pueblo de sus fronteras, asentándose en las tierras de la actual Macedonia. El tercer hijo de Kubrat, Aspruj, al mando de un par de decenas de personas se asentó en las tierras llanas cercanas a la delta del Danubio. Ese pequeño territorio de unos cuantos miles de kilómetros cuadrados los búlgaros seguían llamando Bulgaria. Mientras tanto en la Península Balcánica vivían los eslavos, que se veían amenazados por el Imperio Bizantino que en el año 680 preparaba su golpe definitivo con el cual quería establecer su dominio en el territorio al sur del Danubio. Viendo esa amenaza, los eslavos acordaron con los búlgaros un plan de defensa, aceptando las condiciones de que a cambio de la ayuda militar, los eslavos de Moesia se someterían voluntariamente al khan búlgaro y entrarían a formar parte en un único estado, gobernado por las leyes búlgaras, pero participando también ellos en el sistema administrativo. Así el khan búlgaro derrotó al ejercito de 60 000 soldados del emperador Constantino IV Pogoniano con facilidad, haciéndole frente con mucho menos soldados. En el año 681, después de la gran victoria Asparuj proclama el Estado de Bulgaria y firma un tratado de paz con Constantinopla, por el cual se fijan sus fronteras.

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