Rosas

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Sobre las rosas oleíferas es interesante señalar que existen dos regiones principales en las que se cultivan rosas para la exudación de sus esencias. La primera incluye a Bulgaria, donde fundamentalmente, se cultivan especies mejoradas de la Rosa Damascena, y la segunda, que abarca el Sur de Francia y Marruecos, donde se cultiva fundamentalmente la Rosa Centifolia, que apesar de ser oleífera, no tiene el mismo valor que la Damacena. En el universo de las rosas, la rosa de Bulgaria es especialmente famosa por su óptima calidad, hecho derivado de las condiciones climáticas y del terreno, que hacen de nuestro país, el lugar ideal para el cultivo de esta especie. Además, en Bulgaria se han seleccionado, de forma experimental, nada menos que 250 variedades de rosas oleíferas. Bulgaria es el principal productor de rosas para esencias. En los años 80, gracias a la planificación del Estado se producía y exportaba una cantidad que superaba los 1300 a 1400 kilos de aceite esencial por año. Con los cambios económicos y la vuelta de la tierra a sus propietarios, la producción en los últimos años bajó muchísimo llegando hasta los 500 kilos por año. En estos momentos se está empezando a invertir nuevamente en el sector, para poder sembrar terrenos más extensos y poder satisfacer las necesidades del mercado. Actualmente, en Bulgaria la producción de aceite esencial de rosas equivale al 50% de la esencia que absorbe el mercado internacional para venderlo sobre todo a la industria de los perfumes y los cosméticos.



Es un producto caro, ya que se necesitan 1400 flores para obtener 1 gramo del precioso aceite esencial, el cual es naturalmente exudado de la rosa, y 3 toneladas de pétalos para obtener 1 kilo. La recolección se realiza a tempranas horas del día, a fin de minimizar la dispersión de los contenidos aromáticos, ocasionada por la exposición al sol y que iría en detrimento de la calidad de las flores. Las rosas, así recogidas, son sometidas al vapor, a una temperatura de 120ºC, siendo luego destiladas durante 3 horas, para su exudación, en razón de 15-20kg. de pétalos por 60-70 litros de agua. Dos o tres horas más tarde se produce la primera destilación de dieciséis litros de agua de rosas.
Al término de una segunda destilación, el aceite aflora flotando en la superficie del agua: entonces se procede a aspirarlo y a introducirlo en contenedores de cobre y estaño, adecuados para su conservación. Al final de este proceso, se obtiene tanto aceite natural, como agua de rosas. De los pétalos igualmente se puede producir licor de rosas y la famosa mermelada .

Entre los países europeos, Bulgaria ocupa, sin lugar a dudas, el primer lugar en lo que se refiere a los distintos cultivos de esencias. Cultiva y produce una extrema variedad de hierbas y plantas, cuya exportación -según datos oficiales- involucra a no menos de 50 naciones. Debe decirse, además, que de las 3.200 especies que se pueden considerar típicas de Bulgaria, 350 aproximadamente se distinguen por sus valiosísimas propiedades curativas. El aceite de lavanda búlgaro también es altamente solicitado, debido a su óptima calidad.

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La historia cuenta...  

Fue hacia finales del siglo XVII cuando la ''damascena'', considerada la reina de las rosas, llegó desde Oriente Medio al valle que hoy conocemos como el Valle de las Rosas, Sin embargo, una leyenda bastante difundida cambia las fechas y atribuye a un juez turco la introducción en Bulgaria de esta memorable flor. Obligado a mudarse por estas tierras en el s. XVIII, durante la dominación otomana, el magistrado empezó a cultivar rosas en su jardín para mantener vivo el recuerdo de su patria lejana, sin imaginar que, en poco tiempo, estas espléndidas flores habrían ''invadido'' toda la región.

En el plano histórico, podemos recordar que las primeras extracciones de este aceite se remontan al año 1700. El inicio de las cosechas con carácter comercial y para la exportación -meta Constantinopla, primer centro de difusión- está ligado, sin embargo, a la fundación en 1820 de una ''empresa'' de la familia Papasoglu, a la que se unió, veinte años después, la de los Scipkov. Por fin, en el s. XX se produce el boom, gracias al carácter industrial que asume esta actividad. Se instalan las primeras calderas de vapor de la capacidad de dos toneladas y, al mismo tiempo, nace, en 1914, la Unión Búlgara de Productores de Rosas, haciéndose urgente la necesidad de unificar y controlar el producto, ofreciendo mayores garantías de calidad. La Segunda Guerra Mundial también tuvo repercusiones en este sector: el movimiento cooperativo, organizado por los cultivadores de rosas, fue truncado por los ocupantes nazis, y el 80% de los campos quedó destruido, incluso antes de la finalización del conflicto. Solo con la afirmación de un nuevo régimen político y mediante financiaciones adecuadas a la reorganización de los cultivos, el ''Valle de las rosas'' ha conseguido volver a tener su antiguo esplendor.

 

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