Grandes poblaciones

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Sofia



Sofia está situada al pie del monte Vitosha, cuyos numerosos picos, algunos de hasta 2 000m de altura, destacan armoniosamente en el azul del cielo.
La ciudad conserva gran número de lugares marcados por la historia, ya que debido a su situación geográfica, su clima, la fertilidad de su llanura y a la presencia en sus entrañas de numerosas fuentes termales, la ciudad fue poblada desde épocas remotas. Sofia no deja de ser una ciudad que ”se hace mayor, pero no envejece”, tal como se puede leer en su escudo de armas. Se trata de una de las ciudades más antiguas de la península balcánica - se supone que Sofia existe desde hace ocho mil años -, que conserva un ambiente cultural forjado a lo largo de los siglos y heredando lo mejor de las culturas de los pueblos que marcaron su existencia. Sofia posee una atmósfera encantadora, creada por su gente, sus monumentos, sus fuentes termales y la cercanía de la montaña. Destruida en múltiples ocasiones, esta "ciudad de la sabiduría" siempre ha resucitado de sus cenizas como un Ave Fénix, para brillar con cada vez más con más luz.
En el último milenio a.C. en la cuenca de Sofia se instalaron los tracios y en el siglo V a.C. formaron el famoso reinado de los Odrisios. La tribu que vivía en la cuenca se llamaba serdios, de allí el primer nombre del poblado: Sérdica
Más tarde los romanos invadieron la Península. Emprendieron enorme construcción, y en el siglo II d.C. el emperador romano Marco Ulpio Trajano la nombró ciudad de Ulpia-Sérdica en honor de su padre de procedencia española.
La ciudad se desarrolló con gran prosperidad entre los siglos I - IV d.C., se construyeron los muros alrededor de ciudad, que ya era la capital de la antigua provincia romana Dacia y estaba en el camino que llevaba a Constantinopla. Los restos de esta murralla, que fue destruida y renovada muchas veces a lo largo de la historia, se pueden apreciar en la actualidad en forma de ruinas. Sérdica se convirtió en uno de los centros políticos de mayor importancia cultural y económica de la época y la llamaban “la más bella del oriente”. Después de haber abandonado a Roma el emperador pensaba convertir Sérica en capital del Imperio Romano Oriental. Solía decir: ”Sérdica es mi Roma”.
Después de haber aceptado el cristianismo en la ciudad, la población empezó a erguir muchas iglesias, que se verán a lo largo del recorrido.
En los siglos IV-V llegaron los años de la decadencia. La ciudad fue destruida varias veces por visigodos, bárbaros y hunos, pero volvió a florecer durante la época del emperador Justiniano. De esta época data la primera iglesia “Santa Sofia”, que más tarde dará el nombre actual de la ciudad.
Al final del siglo VI aquí se instalaron los eslavos, y tres siglos después, el Khan búlgaro Krum conquistó la ciudad haciéndola parte del Primer Reino Búlgaro. Probablemente al final del siglo IX, durante el reinado del príncipe Boris I, la ciudad se nombró Sredetz, debido a su posición geográfica céntrica.
De 1018 a 1194 duró la dominación bizantina, la ciudad se llamó Triáditza. El zar Asen liberó la ciudad y la agregó al Segundo Reino Búlgaro. Al final del siglo XIV la ciudad ya se llamaba Sofia por el nombre de la iglesia.
En el año 1392 cayó bajo la dominación turca. No perdió su importancia durante la época turca de cinco siglos; se desarrolló el comercio y la artesanía y se hizo centro administrativo. Poco a poco adquirió una imagen oriental: las casas y las iglesias búlgaras se enterraban en la tierra, como se puede apreciar claramente con la iglesia Santa Petka Samardzhiiska.
El 4 de enero 1878 las tropas rusas liberan la ciudad, guiadas por el general Gurco, que entró por el puente de las Águilas. En honor a los liberadores hay diversos monumentos. El 3 de abril 1879 la Asamblea General Nacional decidió cambiar la capital de Veliko Tarnovo a Sofia.
A partir del año 1944 se instaura en Bulgaria el régimen comunista, cuyo estilo arquitectónico hoy día hace gala en los edificios de las instituciones gubernamentales más importantes. En 1989 la “perestroika” soviética da lugar al desequilibrio del régimen comunista en muchos países, de esta manera Bulgaria inició el período de democracia y transición a una economía de mercado que todavía no ha finalizado.
Hoy en día Sofia cuenta con numerosas calles comerciales y un sinfín de rincones que dan la posibilidad de sentir el espíritu actual de la capital.
Visitando la ciudad es indispensable conocer los monumentos que hacen de la capital una ciudad singular y atractiva. Uno de los monumentos símbolo de la ciudad es la Catedral Alexander Nevski, que es la catedral del Patriarca y la mayor catedral ortodoxa de los Balcanes. Construida en el año 1912, expresa el amor y el agradecimiento del pueblo búlgaro hacia el pueblo ruso que dio más de 20 mil soldados caídos en la Guerra Ruso-Turca (1877-1878) que lucharon por la liberación de Bulgaria. En la construcción tomaron parte especialistas de 6 países: rusos, búlgaros, checos, alemanes, austriacos e italianos. El exterior impresiona por sus cúpulas doradas, mientras que el interior fascina por la belleza artística de los iconos, los frescos, obras de los mejores pintores búlgaros, rusos y checos de aquel momento y la riqueza de la decoración hecha por los mejores maestros con materiales impresionantes /ónice de Brasil, alabastra de Egipto, mármol de Carrara, mosaicos de Venecia, cristal de Jena, etc./. Se distingue, además, el coro ortodoxo, formado exclusivamente por cantantes de ópera. En la cripta de la catedral se encuentra el más rico museo de arte medieval y renacentista, donde se aloja uno de los tesoros nacionales: colección de iconos búlgaros.
Cerca de la catedral se encuentra la Basílica de Santa Sofia, que da el nombre actual de la capital. Data del siglo IV, es la primera iglesia cristiana, la más antigua en la península y muchas veces ha sido destruida y reconstruida, pasando por épocas en las que incluso fue convertida en mezquita por los invasores turcos. En su lado meridional se encuentra el Monumento al Soldado Desconocido (1981), con la llama que nunca se apaga y un león de bronce. En la misma plaza se aprecian el edificio administrativo del Sínodo búlgaro, la Galería de Arte Extranjero.
Cabe destacar el monumento dedicado a Vasil Levski, héroe nacional, revolucionario, muerto en la lucha contra los turcos. Cerca se halla la Biblioteca Nacional que lleva el nombre de los creadores del alfabeto cirílico “Santos Cirilo y Metodio”, cuyas estatuas se encuentran a la entrada. Al lado se encuentra el Rectorado de la Universidad de Sofia “San Clemente de Ohrid”, la más prestigiosa de Bulgaria. La parte central fue construida en 1925, las dos alas septentrional y meridional se levantaron en el período entre 1941 y 1955 en estilo barroco ornamental de columnas y con esculturas en la fachada principal, donde se pueden observar las estatuas de los hermanos mecenas Hristo y Evlogi Georgiev.
Al oeste se puede ver la plaza en la se encuentra el edificio del Parlamento, construido entre 1884 y 1928, que lleva el lema: “La unión hace la fuerza”, y el bonito edificio de la Academia Búlgara de Ciencias. En la misma plaza se encuentra el Monumento al Zar Libertador dedicado a los soldados rusos y al zar Alejandro II, que fue quien declaró la guerra a Turquía. Fue hecho por diseño del escultor italiano Arnoldo Tzoqui, que ha hecho también el monumento a Colón en Buenos Aires y a Garibaldi en Bolonia. Es un monumento armónico y bello.
En Sofia hay gran número de iglesias, como la iglesia de “los Siete Santos”, que guarda una reliquia de San Clemente de Ójrida. Sorprenden por su belleza la Iglesia “San Nikolás”, conocida como la iglesia rusa (1914), construida en estilo moscovita con cinco cúpulas doradas. Una de las construcciones más bellas de la ciudad es la del Teatro Nacional “Ivan Vázov”, construido en el año de 1906, al estilo barroco con columnas, relieves y estatuas.
En la plaza de Alexander Battenberg se encuentra El ex-Palacio Real del Tercer Reino Búlgaro, donde hoy día se aloja el Museo Etnográfico y la Galería de Arte Nacional y en frente el lugar donde estaba el edificio del mausoleo del ex líder comunista Gueorgui Dimitrov. En la plaza también destaca el edificio del Banco Nacional que tiene 4 pisos y tres subterráneos donde se guarda el tesoro de Bulgaria. Durante la época comunista se dejaba pasar los visitantes ante los quilotes de oro y se les decía que si logran levantar un quilote de 12kg de oro puro con dos dedos, se lo podían llevar. Cerca se pueden ver el Museo Arqueológico y el complejo arqueológico “San Jorge”, formado por la Iglesia de San Jorge, del siglo VI, antigua Rotonda romana y testigo de importantes sucesos históricos. La iglesia conserva fragmentos de capas de distintas frescos del siglo XI al siglo XVI, mientras que en las afueras se pueden ver las ruinas romanas en donde se pueden apreciar además las tuberías de la primera calefacción por agua caliente.
El estilo neoclásico estalinista típicos característicos del régimen comunista se puede apreciar en el conocido como Complejo del Poder, situado en la plaza de la Independencia y formado por los edificios de el Hotel Sheraton-Balkan, La casa del Presidente, La ex-casa del Parido Comunista, el Consejo de Ministros y el ex-Almacén Central. Los edificios monumentales, construidos de granito, datan de los años 50. Desde allí se puede contemplar la bonita estatua de Sofia, diosa de la sabiduría - monumento reciente que causó polémicas en su día por sus explícitas formas femeninas -, que se eleva al lado del moderno edificio del banco Bulbank.
Desde allí se puede ver lo que se conoce como el “triángulo de la tolerancia religiosa” formado por los símbolos de tres religiones: una iglesia cristiana ortodoxa, “Santa Petka Samardziiska” que es medieval, de la época turca, sin ventanas y se encuentra debajo del nivel de la calle, porque el sultán turco había decretado que se destruyese toda iglesia, cuyo techo superaba una estatura humana por encima de la carretera., una mezquita turca “Banya Bashi”, del año 1576, y una sinagoga en estilo hispano-maurita con una cúpula octagonal, iluminada por la lámpara más grande de los Balcanes, y aspecto muy parecido a la famosa casa de la plegaria Sepferdic en Viena, que están casi uno al lado del otro. Se pueden ver también los bonitos edificios del Mercado Cubierto y los Baños Centrales recién reconstruidos, que pronto estarán en función con sus aguas termales. En la Plaza Sveta Nedelia se puede ver el edificio de la Academia de Teología y la Iglesia de Santo Domingo del año 1863, y en frente el majestuoso edificio del Palacio de Justicia con los leones a la entrada. Un paseo por la calle peatonal Vitoshka, llena de tiendas comerciales, desembocará ante el Palacio Nacional de la Cultura, que es el centro de congresos más grande en la península, construido en 1981 para celebrar los 1.300 años de la creación del Estado búlgaro. Es el mejor ejemplo de la arquitectura moderna de Sofia. Allí se organizan congresos, conferencias, exposiciones, además de ser el escenario para conciertos de célebres músicos.
Otro lugar de interés creado con el mismo motivo del aniversario es el Museo Nacional de Historia que desde el año 2000 se aloja en la Residencia Presidencial, en el antiguo palacio del máximo dirigente de la nación en la época comunista y líder del Partido Comunista en aquello tiempos Todor Zhivkov, en el prestigioso barrio Boyana. Es el museo más importante de Sofia, allí se encuentra expuesto entre otras muchas muestras valiosas los Tesoros de Oro Tracios, las muestras neolíticas, tesoros artísticos de la civilización medieval, etc. Se puede ver toda la historia de Bulgaria bien ilustrada con muestras originales, fotos y maquetas. El edificio mismo posee techos de madera de nogal tallada de gran valor. Otra muestra histórica valiosa es la Iglesia de Boyana, a 8 km de Sofia, que conserva frescos de los siglos XI, XIII y XV. Poseen un enorme valor artístico los del año 1259, en el estilo de la escuela búlgara medieval, y atribuidos por especialistas extranjeros al ¨Prerrenacimiento búlgaro¨. Visitando un sinfín de rincones se da la posibilidad al viajero de sentir el espíritu actual de la capital tanto de día como de noche, ya que la capital ofrece una considerable vida nocturna.

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Plovdiv

El nombre que recibió en el año 342 a.C. fue Filipópolis. Se lo dio Filipo de Macedonia, quien la fundó sobre la ciudad tracia de Eumolpia. Más tarde se convirtió en la Trimontzium romana, la Pulpoleva eslava, la Felibé turca y finalmente la Plovdiv búlgara. Plovdiv es conocida también como la Ciudad de las Colinas, por las tres colinas que en el pasado constituyeron el centro de la ciudad y que hoy día se encuentran es su pleno corazón, y que junto al río Maritza, a cuyo lado se sitúa la ciudad, contribuyen a su aspecto pintoresco. Desde la altura de sus colinas se puede disfrutar de la vista de los Rodopes y de la llanura tracia
Plovdiv es la segunda ciudad en importancia del país y el punto en donde convergen las rutas del Asia Menor hacia Europa y del Centro de Asia hacia Grecia.
Huellas de su dramática historia hay por toda la ciudad, pero el casco antiguo es el que crea un ambiente incomparable que traslada a todo aquel que se adentra en un mundo singular, impregnado del pasado histórico.
Las estrechas calles adoquinadas guardan casas del más puro estilo "barroco balcánico", y las singulares casas búlgaras renacentistas (la mayoría abiertas al público ya que alojan museos, galería o restaurantes). En una de ellas vivió el poeta francés Lamartine, quien escribió refiriéndose a los búlgaros “un pueblo digno de ser independiente, arraigado profundamente a la tierra”.
Uno de las construcciones más hermosos en el casco antiguo es la casa donde se encuentra el Museo Etnográfico, construido en 1847. Esta considerada como una obra maestra de la casa simétrica renacentista y da una idea de lo que fue la ciudad y la región de Plovdiv a finales del siglo XIX. Dentro se pueden apreciar una bonita colección de trajes típicos, entre otros muchos objetos que relatan la vida cotidiana del pueblo. Muy cerca se hallan las Ruinas de Eumolpias del siglo II a.C.. Hacia el sur se localiza la iglesia más antigua de la ciudad, es la maravillosa Iglesia de los Santos Constantino y Elena que sorprende por la belleza de sus frescos y por los preciosos iconos de Zajari Zograf (pintor más famosos de aquella época). Continuando en dirección oeste, se llega a la Mezquita Imaret (1445) y al Museo Arqueológico, que cuenta con una copia del tesoro de oro del siglo IV de Panagjurishte (el original se encuentra en el museo de Sofía.). Desde aquí se puede acceder a la Mezquita Djoumaya, del siglo XV, conocida como la Mezquita del Viernes y la Iglesia de Santa Marina con una preciosa torre de madera e intrincados iconostasios. Los romanos dejaron gran cantidad de restos en la ciudad. Los más llamativos son el Foro Romano, el Anfiteatro Romano del siglo II, el Teatro Romano, del mismo siglo, hoy día restaurado y en uso para muchos festivales.
Paseando por la ciudad no hay que dejar de ver el Museo Natural de Historia, la Colina de la Liberación, donde se encuentra el Teatro al Aire Libre y el Monumento el Soldado Soviética. Por otro lado, hay que destacar algunas de las casas más importantes de la ciudad como la Casa de Balabanov, la Casa de Gueorguiadi y la Casa Hindlian,
Andando por la calle peatonal, además de visitar los comercios se puede ver el monumento contemporáneo de mayor interés, el Panteón, en conmemoración de los hombres y mujeres que perdieron sus vidas en la lucha por la liberación nacional. Plovdiv es, además, sede de importantes ferias internacionales que se dan cita dos veces al año.

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Varna

Llamada comúnmente “la capital marítima de Bulgaria” o "Perla de la Riviera del Mar Negro", Varna es la tercera ciudad búlgara y uno de los dos puertos más importantes del país en el Mar Negro. Es, sin temor a la equivocación, la capital del verano de Bulgaria, ya que sus finas playas, provistas de impresionante complejos turísticos, atraen a numerosos turistas y viajeros que buscan el descanso y la tranquilidad. Por otro lado, Varna cuenta con bellos jardines y monumentos históricos de diversas épocas.
La visita de la ciudad puede comenzarse en el Museo de Historia y Arte, con una bella colección de iconos, e ir caminando en dirección a la costa, haciendo un alto en la Catedral de la Asunción del siglo XIX, en el Teatro Dramático, en la Casa de Ópera, en el Museo Etnográfico, con una importante colección de arte tradicional y folklórico y en las ruinas de las Termas Romanas del siglo II, muy cerca de la Iglesia de San Anastasio del año 1602. Son de interés, además, el Museo Histórico de la Ciudad, que exhibe cómo era Varna antes de la guerra, las ruinas de los Baños Romanos, el Acuarium, el Museo Marítimo, muy cerca de una bella playa, el Palacio del Deporte y el Centro de Festivales y Congresos, donde se organizan diversas actividades culturales, tanto nacionales como internacionales. Entre los más importantes se encuentra el Concurso Internacional de Ballet y el Festival Internacional de Cine.
Desde Varna se puede acceder a Zlatni Pyasatsi o Playa Dorada, uno de los centro turístico más destacados de Bulgaria. Los más 60 hoteles se encuentran escondidos entre los bosques, muy cerca de las playas, lo que le confiere un particular encanto. Este centro ofrece todas las facilidades para los deportes náuticos

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Burgas


En el siglo XVII, los pescadores de Pomorie y Sozopol fundaron Burgas sobre una estrecha lengua de tierra entre Burgasko Ezero y el mar. Una antigua torre conocida como Pirgos dio su nombre a la ciudad, que creció rápidamente después de la llegada del ferrocarril desde Plovdiv, en 1890, mientras que el puerto de la ciudad se construía en 1903.
Más pequeña y con menos gente que Varna, Burgas pero también tiene qué ofrecer a sus visitantes. La ciudad antigua, junto al puerto es muy agradable y acogedora. Burgas constituye una base conveniente desde la que se pueden explorar las ciudades situadas al norte y al sur, siguiendo la costa. La ciudad cuenta con una bonita playa y centros comerciales.
Vale la pena visitar la Galería de Arte situada en la antigua sinagoga, el Museo Arqueológico, el Parque Marítimo, situado por encima de la playa, donde se encuentra un gran teatro al aire libre y un mausoleo dedicado a los héroes.

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Pleven

La ciudad de Pleven tiene unos 125.000 habitantes, está ubicada en plena llanura danubiana y dista de Sofia a unos 180km, a unos 70km de los Balcanes y a 320km del Mar Negro. Es uno de los mayores centros industriales, administrativos, políticos, culturales de Bulgaria septentrional. Es uno de los mayores centros industriales, administrativos, políticos, culturales de Bulgaria septentrional. Es una ciudad antigua que data del neolítico y de la época de bronce. El primer poblado lo establecieron los tracios a eso del primer milenio antes de Cristo y luego los romanos lo convirtieron en fuerte fortaleza denominada Storgosia, en cuyas proximidades brotaban aguas termales de gran calidad. Los hunos destruyeron la localidad y ella apenas existió hasta el dominio otomano. El nombre actual Plevna por primera vez se menciona en un Diploma del 1266 del rey huno Stefan V. Los turcos la convirtieron en importante centro militar y administrativo que producía muchos productos para el ejército otomano. Aquí en 1840 fue abierta la primera escuela laica femenina. En 1869 el héroe nacional Vasil Levski organizó aquí el primer Comité revolucionario. En esta ciudad tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes durante la Guerra de Independencia. Los rusos que habían cruzado el Danubio el 15 de junio de 1877 en la localidad de Svishtov, alcanzaron rápidamente Veliko Tarnovo y el callado de Shipka. Mientras el ejército otomano estacionado en Pleven bajo el mando de Osman Pasha tuvo la intención de atacar a los rusos por su flanco derecho. El ejército zarista hubo de frenar su avance y lanzarse contra los turcos. Se organizó el asedio de Pleven que duró más de 5 meses y en el que intervino el propio rey Carol I de Rumania. Los generales rusos Skóbelev y Totleben ordenaron el asedio de la ciudad y tras varios ataques y 5 meses Osman Pasha se rindió el 10 de diciembre de 1877, y el número de bajas entre los soldados rusos y rumanos alcanzó 40.000 muertos. Las cifras turcas tanto de soldados como de población nunca se supieron. La conquista de Pleven significó la liberación de Bulgaria septentrional, así como un duro golpe para la moral del ejército otomano. Después de la liberación la ciudad se desarrolló como centro de la industria alimenticia. Aquí a finales del siglo XIX se construye la mayor bodega de los Balcanes. En la región se cultivan los mejores tipos de viña. Hay un instituto científico que se dedica especialmente al cultivo de vid. En la ciudad se guarda la más antigua colección de vinos de Bulgaria desde 1934. Hoy día la localidad se dedica a la petroquímica, cemento, productos textiles, muebles, vidrio y cerámica y excelentes vinos y cerveza.
Pleven cuenta con múltiples lugares de interés.En el centro de la ciudad se encuentra a un nivel inferior la iglesia de “San Nicolás” original del siglo XIV. En su interior se guarda una interesante colección de iconos, obras de Stanislav Dospevsky y Zahari Zograf. Muy cerca se encuentra un parque con numerosas fuentes que incluye el Museo de la Liberación. El edificio fue antes la residencia del gobernador turco Osman Pasha. En este museo se guardan numerosas armas y planos relacionados con la batalla. Muy cerca está también un Mausoleo en estilo ruso-bizantino, decorado con frescos modernos y lápidas de mármol, donde se guardan los restos de los caídos en el combate. Fue construido entre 1903 y 1907. .Al final de la calle está el Museo Histórico que expone importantes restos arqueológicos de la villa neolítica Telish, de la ciudad romana Ulpia Escus cerca del pueblo Guiguen, de la villa medieval de Nikopol. En la sección geográfica se encuentran incluso las barcazas tradicionales usadas para navegar por el río Danubio. A 2km de la ciudad se encuentra el parque Kailaka, donde se encontraba la ciudad romana. Es un lugar predilecto de recreo y paseo.
Al sudeste de la ciudad, en una colina, cuya ocupación en 1877 costó la vida de 400 personas está el lugar más visitado. Es un enorme edificio de hormigón, hecho en 1977 en honor a los 100 años de la Guerra rusto-turca. La hicieron en 10 meses junto con la decoración en forma de chimenea y de tres pisos que representa el número de los ataques a la ciudad. Los constructores fueron búlgaros, y los pintores rusos. En el interior se compone por una antesala. Un pasillo lleva hacia la sala del Panorama, siendo sus paredes decoradas por 6 cuadros de óleo de gran dimensión que representan la historia búlgara desde la caída bajo el dominio turco hasta la liberación. Los cuadros son: “La caída de Bulgaria bajo el dominio turco”, “La insurrección de abril de 1876”, “Protesta en San Petersburgo en defensa del pueblo búlgaro tras la derrota del sublevamiento de abril”, “Las tropas rusas cruzan el Danubio, el inicio de la liberación” (Svishtov), “La defensa de la bandera de Samara” (batalla de Stara Zagora) y “La batalla de Shipka”. Al final se llega hasta la sala del Panorama. Es una sala de 40m de diámetro que representan a través de frescos sobre tela el asedio de Pleven y su conquista por los rusos que pueden ser observados por 180 personas al mismo tiempo. El cuadro es circular y tiene una longitud de 115m y una altura de 15m. Debajo hay una maqueta sobre hormigón que representa el campo de la batalla. Se ven figuras de soldados rusos y turcos en uniformes originales, las escopetas, los cañones y las carrozas son originales traídas del Museo Histórico. Desde el punto de vista del turista la observación de la maqueta integrada en el cuadro da una ilusión de que él está participando en la batalla y de que está observando la perspectiva a una distancia de 12km.
La sala del diorama representa el intento de Osman Pasha de romper el asedio y luego su derrota y capitulación (cerca del río Vit). En la sala final hay otros dos cuadros de óleo que representan la capitulación de Osman Pasha y la entrega de la espada y el otro como las tropas rusas cruzan los Balcanes en el invierno de 1878, ayudados por el pueblo.

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Veliko Tarnovo

Veliko Tarnovo tiene una población de 56 mil habitantes. Es una ciudad artística e histórica, situada en plena cordillera prebalcánica y desplegada sobre tres colinas. Las primeras tribus se asentaron aquí en el cuarto milenio a.C. No se sabe exactamente de dónde proviene el nombre de Tarnovo, pero hay diferentes hipótesis: que proviene de la palabra búlgara “tran”, que significa “espina”, porque en la colina había muchas plantas espinosas; que viene de la expresión latina “trinavis”, porque los romanos asemejaban la fortificación compuesta por las tres colinas Tzárevez, Trapéznitsa y Sveta Gora (Monte Santo) a tres naves, etc. En 1185 bajo el nombre de Tarnovo el pueblo se convirtió en centro de la insurrección contra los bizantinos y pasó a ser la tercera capital de Bulgaria Medieval. Durante los siglos XII-XIV era una sólida fortaleza y el centro más importante de la vida política, cultural y religiosa del país. Se crearon escuelas literarias, de pintura y de arquitectura, se emprendió la construcción de palacios e iglesias. La capital comerciaba con todos los países europeos, con Asia Menor y el Oriente. Fue también centro del bogolismo, un motivo religioso que proclamaba la igualdad social y el progreso humano, que se extendió por toda Europa y sobre todo por el sur de Francia.
La capital medieval búlgara es la más majestuosa de todas las ciudades museos. Las ruinas medievales se encuentran en las dos colinas de Tzarevetz y Trapezitza
El 17 de Julio de 1393 la capital fue convertida en ruinas por los turcos. La llave de la fortaleza la entregó el mismo Patriarca Evtimiy para proteger a la población de la matanza que se esperaba. Sin embargo, muchos fueron asesinados y otros condenados y deportados a Asia Menor. Desde la segunda mitad del s. XVIII y en el s. XIX la ciudad creció mucho, convirtiéndose en un centro administrativo e industrial. Las conspiraciones contra los turcos no cesaban. En la Iglesia de los “Santos Pedro y Pablo” el día 16 de abril de 1860 tuvo lugar la solemne proclamación de la independencia de la Iglesia Búlgara, cuyos representantes nombraron a Ilarión Makariopolski como primer titular da la Sede Episcopal de la Iglesia Búlgara en Veliko Tarnovo. La ciudad fue liberada de los turcos el día 7 de Julio de 1877. Dos años después allí se reunió la Asamblea Nacional Constituyente que elaboró en el edificio del antiguo Ayuntamiento turco la primera Constitución democrática de Tarnovo, escogiendo además, al príncipe Alejandro de Bátemberg como jefe del nuevo Estado y Sofía como capital. En el año 1990, en la misma sala de reuniones de aquel edificio de la Asamblea, se puso el inicio de la redacción de la actual constitución.
Un recorrido por la ciudad muestra todos estos lugares relacionados con de la apasionante historia y hace visible la esencia del espíritu heroico. La ciudad cuenta con muchos puntos clave, empezando por las colinas y la fortaleza de Tzárevetz.
La colina de Tzárevetz. es una de las lomas donde por primera vez los arqueólogos habían descubierto restos del Neolítico. Los arqueólogos determinaron que Tzárevetz no había sido una fortaleza cerrada sino una ciudad medieval muy poblada, lo que dedujeron por el barrio de los artesanos. Entre los edificios destacaban la Iglesia y el Palacio del Patriarca y el Palacio de los Reyes, que se está reconstruyendo. Al mismo tiempo en el territorio de la fortaleza fueron encontrados restos de viviendas y cerámica que pertenecían a los tracios.
La colina de Tzarevetz tiene una posición estratégica perfecta, porque el río Yantra la rodea por todas partes. En la fortaleza se entraba por una sola vía a través de un puente móvil y cuatro puertas fortificadas. Dentro de Tzárevetz destaca la Torre de Balduino, relacionada con el emperador Balduino de Flandes, capturado en Odrin en el año 1205 por el zar búlgaro Kaloyán. Fue condenado a muerte y arrojado desde la torre por lo que la misma lleva su nombre. De mayor interés resulta el Palacio y la Iglesia del Patriarca. El complejo está totalmente restaurado. La decoración de la iglesia es de frescos que conservan la tradición de la iconografía búlgara. Los frescos cuentan la historia del Estado búlgaro. Hay un trozo de muralla original del s. XII decorado con un fresco de la Madre Bulgaria. Hay, además, un sarcófago que conserva los restos de los caídos en la lucha de liberación. El Palacio de los Reyes, donde vivían las familias reales de Asénovtzi, Guérterovtzi y Shishmánovtzi,. Entre el Palacio del Patriarca y el de los reyes estaban las casas de los boyardos destacados.
En la otra colina, Trapéznitza, vivía el resto de la aristocracia. En las faldas de Trapéznitza se encuentra la iglesia de “San Demetrio” donde fueron coronados los primeros reyes del Segundo Estado Búlgaro: Asén, Pétar y Kaloyán. También allí, en el año 1204, fue proclamado primer Patriarca búlgaro el archiobispo Vasiliy. Cerca de allí se encuentra la Iglesia de los “40 Santos Mártires”, cuyo protector fue el zar Iván-Asén. Fue construida en el año 1230, en honor de su victoria contra el Emperador bizantino Teodoro, cerca de Klokótnitsa.. Cerca de la iglesia fueron encontrados 40 sarcófagos de reyes y familiares reales. En uno de ellos fue hallado el anillo de oro del zar Kaloyán que pesa 61 gramos. Otra iglesia de interés es la de los “Santos Pedro y Pablo”, construida en el s. XIV. Es sede de la Iglesia griega en la ciudad.
En los meses de verano y en ocasiones especiales al anochecer tiene lugar un increíble espectáculo de luz y sonido en la Ciudadela de Tzarevetz, muy cerca de la Iglesia Patriarcal, en donde se recrea la dramática historia de Tarnovo a través de los siglos.
Para conocer mejor el desarrollo histórico de la ciudad y la época renacentista del país, es preciso visitar al barrio renacentista “Varosha”, erguido entre los s. XVIII-XIX. La mayoría de las casas (más de 40) son obras del famoso arquitecto y constructor autodidacta búlgaro Kolyo Fícheto, que construyó también 5 iglesias. Las casas son típicas del Renacimiento búlgaro y tienen estilo simétrico y asimétrico. Paseando por la ciudad además de ver algunos de los monumentos más recientes es preciso recorrer la famosa Calle de los Artesanos, donde se pueden ver muchos de los oficios locales y llevarse recuerdos de índole autóctona.

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Gabrovo

Si usted entra en una tienda de electrodomésticos en Gabrovo, verá montones de refrigeradores, de las mejores marcas y precios. Pero los habitantes de Gabrovo no los compran. Porque no están seguros si, al quedar cerrada la puerta del refrigerador, la bombilla adentro se va a apagar o no, o sea si no va a seguir consumiendo electricidad.
Si recibe usted una tarjeta de felicitación deseándole “Lo mejor para las fiestas de 2004 a 2040”, debe saber que se la envía un amigo de Gabrovo.
No existe otra ciudad búlgara de cuyos vecinos se cuenten tantas anécdotas como de los habitantes de Gabrovo.
No existe otra ciudad búlgara que haya convertido las anécdotas sobre sus propios vecinos en un oficio lucrativo, porque la fama trae dinero.
No existe otra ciudad búlgara que posea en tanta abundancia la divisa más valiosa: el humor.
Si todo esto despierta su curiosidad, si quiere Ud cargarse de energía positiva, porque el humor es salud, visite, sin falta, Gabrovo: la “sagrada” ciudad búlgara del humor.
Además de guasones ahorradores, ingeniosos y emprendedores, Gabrovo posee una hermosa naturaleza y un rico patrimonio histórico-cultural. Ubicada en el corazón de la Cordillera de los Balcanes, justo en el centro geográfico de Bulgaria, la ciudad los acoge en todas las estaciones del año con el saludo burlón “Bienvenidos y bien idos”.
Extendida sobre ambas riberas del río Yantra, Gabrovo posee su colorido y encanto por sus numerosos puentes abovedados. Éstos no sólo se inscriben de forma muy pintoresca en la arquitectura de la ciudad, sino que cuentan mediante la piedra y el metal el pasado, las costumbres, las cumbres espirituales y los arrebatos de libertad de su población.
Cada uno de ellos tiene, cómo no, su nombre propio: “El Puente del Humor”, “El Puente del Yugo” (ésta debe ser una alusión al dominio de las mujeres de Gabrovo sobre sus maridos), “El Puente de los Oficios”, etc.
Figura entre las atracciones de la ciudad el monumento en medio del río. Los vecinos de Gabrovo colocaron una estatua del fundador de la villa, Racho el Herrero, encima de una gran roca en medio del río Yantra que atraviesa la población, para ahorrar superficie en que se podrían construir viviendas y para que la gente no gaste dinero en flores colocadas al pie del monumento, porque a éste no se puede llegar sino a nado.
La torre del reloj de la ciudad, de casi 28 metros de altura, ejemplo típico de la arquitectura renacentista búlgara, recuerda que el tiempo es dinero y que no hay que echarlo a perder.
Otra maravilla de Gabrovo es un barco a vapor en el bosque. El comentario humorista de los vecinos de la villa es que el edificio en forma de buque a vapor fue construido encima de la colina boscosa al lado de la ciudad para que nunca pudiera hundirse.
La vista panorámica más linda hacia la ciudad se descubre desde la planicie de Gradishte. Y si Ud está contagiado ya por el espíritu ahorrador de los de Gabrovo, no tema que allí pueda gastarse los zapatos por una sola vista. Allí podrá ver también ruinas de una fortaleza romana y de una basílica. Y esto no es todo, ni mucho menos.
“Los visitantes de la ciudad pueden ver muchas curiosidades, dice Tatiana Tsankova, directora de la casa del Humor y la Sátira de Gabrovo. El Museo de Historia será albergado próximamente en una hermosa casa barroca construida por una acaudalada familia de fabricantes locales en 1904. Es impresionante la exposición de costumbres urbanas de Gabrovo de fines del siglo 19 en la que es llamada la Casa de los Recuerdos. Hoy en ella está instalado el Museo Nacional de la Educación, único en Europa, creo. Otro museo que deben visitar es el del Humor, que está ubicado en el propio centro de Gabrovo y está abierto todo el año, sin día feriado, para difundir el humor de Gabrovo. Dispone de diez salas, tres de las cuales albergan exposiciones permanentes. La primera descubre las raíces del humor de Gabrovo, y las otras representan la idea de los gabrovianos sobre el Paraíso y el Pecado.
Muy próximo a Gabrovo se encuentra el Museo Etnográfico al Descubierto “Etara”, donde el espíritu de los vecinos de Gabrovo está conservado. “Étara” el prototipo del zoco de Gabrovo y de todos aquellos oficios que los habitantes de Gabrovo ejercieron y desarrollaron a fines del siglo 19 y comienzos del 20, para que se llegara desde aquellas pequeñas manufacturas y oficios hasta el sobrenombre de Gabrovo como “el Mánchester búlgaro”. La comparación obedece al hecho de que en los años 30 del siglo XX, Gabrovo, una ciudad no tan grande, producía un tercio del PIB de la Bulgaria de entonces. Y esto no es un infundio ni el enésimo chiste de Gabrovo.”
Esta ciudad búlgara tiene también su cocina inigualable. Sin embargo, es apropiada sólo para personas con sentido del humor.
“Una parte de esta cocina tiene que ver con los chistes, explica Tatiana Tsankova. ¿Saben cómo el gabroviano come pescado? Lo mete entre dos rebanadas de pan. Para desayunar exprime el pescado entre las rebanadas y se come una de ellas. Al mediodía se come el propio pescado, y para cenar, la otra rebanada. Las espinas no se tiran a la basura: las utiliza como palillos de dientes, como horquillas y otras cosas útiles”, termina diciendo la directora de la Casa del Humor y la Sátira de Gabrovo.
Por Rumiana Tsvetkova
Versión al español: Venceslav Nikolov

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Lovech

Lovech está situada de forma pintoresca a las dos orillas del río Ósam, donde acaban los confines de las colinas a los pies de los Balcanes. La ciudad heredó al pueblo tracio Melta. Más tarde, los romanos la convirtieron en su propia estación, bajo el nombre de Presidium-Melta, que tuvo una importancia estratégica en la vía principal desde el Danubio hasta el Mar Egeo: de norte a sur y de oeste a este.
La posición crucial de Lovech la convirtió en una de las fortalezas más importantes del norte de los Balcanes. La ciudad resurgió durante el Segundo Reino Búlgaro cuando la fortaleza – propiedad de la dinastía de los Asén – era la principal fortificación por el camino que conduce a Gábrovo. Durante la sublevación de Asén y Pétar en 1185, la ciudad de Lovech defendió el acceso a la capital Tárnovo, y en ella, en 1190, los representantes del Emperador bizantino reconocieron la independencia del Segundo Reino.
En el cerro Jisaria fueron descubiertos restos de murallas con torres, iglesias, viviendas y construcciones de edificios para almacenes. En las pendientes del cerro y sobre el territorio del barrio actual Varosha en aquel entonces se encontraba la ciudad medieval. Después de haber sido conquistada por los turcos, la fortaleza de Lovech gozó de cierto autogobierno que más tarde perdió tras apoyar una sublevación de Tárnovo en 1596.
Desde finales del s. XVI fue poblada masivamente por colonos turcos, que se asentaron en la parte llana, a la orilla izquierda del río Ósam. La población búlgara quedó concentrada en el terreno abrupto del pueblo medieval. A finales del s. XVII Lovech se convirtió en un concurrido centro comercial, artesanal y administrativo. Gracias al auge y el bienestar de sus habitantes se le llamó Altan Lovech (Lovech Dorado). La población vivía sobre todo de la agricultura (viticultura, fruticultura), la artesanía y el comercio. Era también un foco espiritual y cultura, ya que además de ser sede de la parroquia, en ella se hicieron varias copias importantes del Evangelio y de otros textos eclesiásticos y apócrifos. A finales del s. XVIII en la ciudad había siete iglesias con escuelas adjuntas a ellas.
No es casual que la ciudad fuera elegida por el revolucionario Vasil Levski como sede del Comité Revolucionario Central Búlgaro. La población de la ciudad apoyó activamente, aportando dinero y esfuerzo personal, la lucha para la independencia. Por eso en lo más alto de la ciudad, en la colina Jisaria, se erige el monumento al Héroe Nacional, que representa una estatua en cuyo pedestal está escrito el lema de Levski: “Si gano yo, gana el pueblo entero; si pierdo, pierdo solo yo.”
Hoy día la ciudad tiene 60 mil habitantes y desarrolla la industria curtidora, la industria textil y la industria automovilística.
Hoy día la ciudad es atraciva para el visitante por su barrio barroco, al cual llama “barroco” por la rica ornamentación y los múltiples colores de las casas construidas en el s. XIX. en Lovech se encuentra el único en la Península Balcánica puente cubierto, hecho en 1874 por el maestro Kolio Fícheto, famoso arquitecto autodidacta. El original era enteramente de madera, hasta los clavos eran de madera. En 1925 fue incendiado y luego reconstruido en 1927 sobre los restos de piedra del anterior. Es interesante señalar que Kolio Fícheto no utilizaba cal para unir las piedras, sino cuero. Es una antigua técnica romana que permitía una unión muy fuerte, tras pudrirse el cuero. Esto hace posible que los fundamentos sigan todavía en pie. Su aspecto original fue restaurado en 1982 y en su interior se instalaron tiendas de recuerdos y talleres artesanales, tal y como fue en el pasado. Después sigue el barrio renacentista Varosha, asentado sobre los restos de la ciudad medieval. Hasta el momento 160 de las casas del barrio han sido restauradas, instalando el Museo de Vasil Levski en la casa de un amigo suyo y el Museo de la Vida del s. XIX, en otra. Subiendo cuesta arriba se llega a la ciudadela que se erige a lo alto de la colina Jisaria Allí han sido excavadas varias viviendas, torres y murallas medievales desde las que se abre un panorama espléndido de la ciudad y de toda la región, llegando hasta los Balcanes.

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